ESPECIALISTA AFIRMA QUE LA DERMATITIS ATÓPICA “NO ES SÓLO UN BROTE EN LA PIEL”

La coordinadora de la Unidad de Dermatitis Atópica del Servicio de Dermatología del Hospital Universitario Austral, Carla Castro, afirmó que esa afección “no es sólo un brote en la piel”, sino una enfermedad crónica, inmunológica e inflamatoria no contagiosa que se manifiesta sobre todo a través de prurito y eccemas que causan picazón y dolor.
   Su severidad resulta debilitante y puede estar asociada a otras enfermedades como asma y rinosinusitis y, si bien por error aún se la asocia exclusivamente con la niñez, hay adultos que la padecieron toda su vida, mientras que a otros se les despierta de grandes.
   En los últimos años, tras no haber encontrado respuestas, muchos pacientes con dermatitis atópica salieron del circuito de atención médica, por lo cual en la actualidad los especialistas instan al regreso al consultorio debido a que hoy existen nuevas opciones terapéuticas que obtienen resultados esperanzadores.
   Sobre este tema se debatió en el marco de la última Reunión Anual de Dermatólogos Latinoamericanos (RADLA), que se llevó a cabo en Buenos Aires y en la que disertó Castro, una experta en esa afección.
   “La dermatitis atópica se ve porque aparecen eccemas en la piel que causan mucha picazón. Entonces, la persona se rasca y se agrieta la piel, pudiendo lastimarse y sangrar, lo que incrementa la picazón”, reveló la especialista en una charla de la que participó NA.
   En ese sentido, añadió: “En los casos severos, los pacientes no pueden dormir, no se pueden concentrar, se encierran o se deprimen, ven afectada su autoestima, sus estudios, trabajo, relaciones sociales”.
   Las personas con esta afección cutánea presentan ciertas alteraciones genéticas que los predisponen a su manifestación: pueden ser en la regulación del sistema de defensas, en la cascada inflamatoria o en moléculas que intervienen en la formación de la barrera cutánea, que es la parte más externa de la piel.
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Pacientes, al consultorio
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Castro explicó que aunque no se sabe exactamente a cuántas personas afecta esta enfermedad en Argentina, “con el trabajo de las redes de pacientes comenzaron a aparecer aquellos que estaban fuera de la atención médica, posiblemente frustrados por no haber encontrado respuestas en el pasado”.
   “Muchos de los pacientes se medicaban por su cuenta con corticoides u otros tratamientos con potenciales efectos adversos como presión alta, diabetes, trastornos óseos u oculares, entre otros”, indicó la especialista.
   Y añadió: “Les pedimos que vuelvan al consultorio del dermatólogo o del alergólogo porque se abrió un nuevo horizonte y estamos ante la llegada de mejores herramientas para controlar la dermatitis atópica con resultados muy alentadores inclusive en los casos más severos. Queremos ayudarlos a que vivan mejor”.
   En un paciente con dermatitis atópica, la epidermis reacciona exageradamente en una suerte de defensa frente a diversos agentes que pueden ser ambientales (polvo, ácaros, y polución ambiental) o factores irritantes locales como jabones, perfumes, otros cosméticos, géneros sintéticos o la lana.
   El propio sudor puede hacer reaccionar a la piel, al igual que cambios bruscos de temperatura, climas hostiles y determinadas emociones o situaciones estresantes.
   En ocasiones, también se dan en paralelo cuadros como rinitis, conjuntivitis o alergias alimentarias lo que indica que, a veces, las manifestaciones cutáneas son sólo una parte de la afección. La dermatitis atópica es un proceso inflamatorio a nivel sistémico que en muchos casos también es hereditario.
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Cómo se trata la dermatitis atópica
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“Esta es una enfermedad que funciona con brotes y remisiones.
  El tratamiento va orientado a lograr que los espacios sin brotes sean cada vez más prolongados”, explicó Castro.
   El tratamiento de base consiste en cuidados diarios de la piel, como humectación frecuente con cremas aptas para pieles atópicas y procedimientos de higiene adecuados para este tipo de piel y el objetivo es mantener los brotes bajo control.
   A aquellos pacientes con manifestaciones leves, se les indican tratamientos locales con cremas (algunas con corticoides, que combaten la inflamación). Para los casos de moderados a severos, los tópicos no alcanzan y se indican tratamientos sistémicos, a base de drogas más complejas, pero con resultados modestos.
   “Las medicaciones que había alcanzaban respuestas bastante limitadas y con efectos adversos que a veces restringían su uso y tampoco eran efectivas en todos los pacientes. Esto da la pauta de que existe una necesidad insatisfecha, por eso hay mucha expectativa respecto de los tratamientos que en breve estarán disponibles en el país”, sostuvo Castro.

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