El presidente Javier Milei volvió a protagonizar un duro enfrentamiento verbal con el periodismo argentino durante una entrevista emitida por la televisión estatal. En declaraciones que generaron amplio rechazo en el sector, el mandatario aseguró que el 95% de los trabajadores de prensa del país son “delincuentes” y cuestionó su independencia editorial.
La acusación presidencial contra la prensa
Las expresiones del jefe de Estado se produjeron en el marco de una entrevista realizada en la TV Pública, donde fue consultado por dos economistas afines a sus políticas, entre ellos Alberto Aracre, ex funcionario del gobierno de Alberto Fernández reconvertido al oficialismo libertario.
“Escuchaba a un periodista que trabaja en un medio digital y en un canal de televisión; conozco a quién responde su pluma. Hay que decirlo abiertamente: el 95% de los periodistas argentinos son delincuentes”, lanzó Milei sin mencionar nombres específicos.
El presidente profundizó sus acusaciones al detallar supuestas motivaciones detrás del trabajo periodístico: “Escriben ya sea por mandato de otros países, o financiados por otros países, o con medios que tienen conflictos con el gobierno porque quieren prebendas, o responden a empresaurios. El 95% del periodismo está sucio”, sentenció.
Clima de tensión en la entrevista
La conversación televisiva derivó en momentos de visible molestia presidencial cuando Milei se refirió a quienes, según su perspectiva, intentan desestabilizar su gestión. “Quieren voltearme”, afirmó con notorio enojo, aunque el formato de la entrevista no incluyó repreguntas incómodas ni cuestionamientos a sus afirmaciones.
Las declaraciones se producen en un contexto de creciente presión social y en medio de encuestas que reflejan una caída en los índices de aprobación del gobierno. La estrategia de confrontación directa con la prensa se ha convertido en una constante del estilo comunicacional del mandatario desde que asumió la presidencia.
El ataque sistemático al periodismo marca un punto de tensión institucional inédito para la investidura presidencial argentina, donde históricamente los mandatarios han mantenido relaciones conflictivas con ciertos medios pero sin generalizar acusaciones de carácter delictivo contra toda una profesión.
Las palabras de Milei abren un nuevo capítulo en su relación con los medios de comunicación y plantean interrogantes sobre el rol de la prensa durante su gestión, en un momento donde la libertad de expresión ocupa un lugar central en el debate público regional.



