El clásico que dividió al rock local
Durante los últimos años de la década de 1980 y gran parte de los 90, el rock argentino vivió una de sus mayores divisiones: los fanáticos de Los Redonditos de Ricota y Soda Stereo se enfrentaban con canciones de antagonismo, consignas contra los músicos rivales y una marcada diferencia en vestimenta, género musical y público. Fue el “River-Boca” del rock nacional, un clásico que enfrentaba a dos bandas que marcaron épocas diferentes pero simultáneas de la música local. Sin embargo, lo más irónico de esta batalla fue que, según las propias declaraciones de sus líderes, la rivalidad nació casi exclusivamente en las tribunas del rock argentino, alimentada por seguidores acérrimos que veían en esta disputa una forma de reafirmar sus identidades.
Los gritos en los recitales de Soda Stereo incluían “¡Es para el Indio que lo mira por TV!”, una frase que se popularizó durante toda la década de los 90. Esta provocación encontraba respuesta inmediata en las “misas ricoteras”, donde algunos fanáticos llegaban a desear la muerte de Cerati. La intensidad de estos enfrentamientos trasladó la rivalidad del fútbol al mundo del rock: dos universos completamente diferentes que, sin embargo, compartían métodos de expresión similares. Incluso en otros contextos, como en un concierto de Divididos años después, el público cantó contra Cerati, solo para recibir una respuesta de Ricardo Mollo, exintegrante de Sumo, quien pidió que no se deseara la muerte de nadie. La violencia de las palabras alcanzó cotas alarmantes, aunque jamás se trasladó a hechos concretos en las calles porteñas.
Las opiniones de los músicos
Lo sorprendente fue que los propios líderes de ambas bandas siempre negaron una enemistad personal. En 2016, Zeta Bosio, bajista de Soda Stereo, se refirió a la rivalidad reconociendo que “se armó más entre la gente”, aunque no evitó opinar sobre la música de Los Redondos, asegurando que “la música de los comienzos de los Redondos no es evolucionada, sino más bien un rock básico”. Fue una pica musical, pero sin la carga emocional que mostraban los seguidores.
Gustavo Cerati también tuvo la oportunidad de expresarse sobre este “clásico”. En sus declaraciones, explicó: “Nunca entendí que, mientras yo tocaba en vivo, algunos cantaran contra el Indio. Es cierto que en una canción de Los Redondos el Indio habla de nosotros trepando antenas. A lo mejor le jodió que cantáramos ‘La Cúpula’, pero yo siempre fui un tipo muy esdrújulo”. El líder de Soda argumentó que ambas bandas estaban “arriba” y podían hablar de lo que veían desde esa perspectiva. Para Cerati, lo grave no fue la competencia musical, sino que “se volvió político”.
El Indio Solari compartía esta visión. Aseguró que “en mi caso nunca existió, y supongo que en el caso de él tampoco. Pelotudeces que tienen que ver con las diferencias, como Boca-River, que existen para alimentar ese vértigo del consumo de las cosas, pero generalmente eso no pasa en la intimidad”. Sin embargo, El Indio sí marcó diferencias estéticas e ideológicas con Cerati: “Él es muy fashion, más frívolo, más cool, y yo más crítico, más ríspido, más ácido”. Era una forma elegante de decir que sus proyectos artísticos provenían de lugares completamente distintos.
Una rivalidad construida desde afuera
La historia de Los Redonditos y Soda Stereo refleja cómo los fanáticos pueden construir narrativas que trascienden la realidad de los artistas. Similar a lo ocurrido entre The Beatles y The Rolling Stones, o entre Guns N’ Roses y Nirvana, esta rivalidad fue más un fenómeno de consumo cultural que una enemistad genuina. Los propios músicos lo sabían, lo reconocían públicamente y lo relativizaban. Pero los seguidores necesitaban de esa grieta, de esa elección binaria que los diferenciaba. Fue, en definitiva, el espejo del fútbol argentino trasladado al rock: la pasión por un equipo (una banda) requería del odio simulado hacia el otro. Una construcción social que perduró durante décadas pero que, en la intimidad de los músicos, nunca tuvo la virulencia que imaginaban quienes los seguían desde las tribunas.



