El INDEC publica hoy martes a las 16 horas el dato de inflación de marzo, un número que el propio Gobierno ya reconoció que “seguramente” superará el 3% y que marca el primer test inflacionario delicado para la administración Milei tras dos meses consecutivos de moderación. El ministro de Economía, Luis Caputo, anticipó que se trata de un “desvío transitorio” atribuible a factores estacionales y geopolíticos, pero las expectativas del mercado y las consultoras privadas convergen en una lectura menos optimista: la desaceleración de precios comienza a perder tracción.
La presión de combustibles y servicios
Febrero había cerrado con 2,9% según el INDEC, un dato que ya mostraba signos de debilitamiento en la velocidad de desinflación. Marzo, en cambio, llega cargado de factores alcistas. Los combustibles impulsados por el conflicto en Medio Oriente, el ajuste en tarifas de servicios, los incrementos en transporte y las cuotas educativas se perfilan como los principales responsables del salto en la nominalidad.
Caputo justificó la aceleración en la conferencia que brindó en Rosario, donde habló de un “shock petrolero” transitorio y de efectos estacionales propios de marzo. Pero la defensa del Gobierno fue más allá: el ministro se atrevió a prometerle al mercado que “desde abril se viene un proceso de desinflación y crecimiento” y se permitió ser optimista en exceso, asegurando que “se vienen los mejores meses” y que los próximos 18 meses pueden ser “los mejores de Argentina de las últimas dos décadas”.
Esa proyección requiere que los datos confirmen la moderación anunciada, porque de lo contrario el Gobierno perderá credibilidad en sus pronósticos. La meta de inflación anual rondaba el 18% en el Presupuesto, y aunque marzo aún sería compatible con esa proyección, acumula alrededor del 9%-10% en el trimestre, lo que obliga al Ejecutivo a sostener un ritmo de desinflación acelerada en los meses siguientes.
El mercado ya se protegió
Las señales que emite el mercado son cautas. El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, publicado el 8 de abril tras una encuesta realizada entre el 27 y el 31 de marzo, ubicó la inflación esperada para marzo en 3%, medio punto por encima del sondeo anterior. El top 10 de analistas que mejor vienen anticipando el índice fue aún más pesimista: proyectó 3,1%.
Las estimaciones privadas se movieron en una banda amplia. Equilibra e IET-UMET quedaron entre los más altos con 3,3%, mientras que Empiria anticipó 3,2%. Otros como Libertad y Progreso, C&T y Orlando Ferreres se mantuvieron levemente por debajo del 3%. Más allá de las diferencias metodológicas, el consenso es claro: marzo marca una aceleración respecto de febrero y cierra el primer trimestre con una inflación acumulada incómoda para los planes del Gobierno.
El desafío de abril en adelante
Lo que viene después es crucial. Si el Gobierno tiene razón y abril muestra desinflación, el ciclo alcista de marzo puede interpretarse como una anomalía. Pero si los próximos meses replican o superan este ritmo, la credibilidad de Caputo en sus promesas de estabilización de precios se erosionaría significativamente. Los argentinos, acostumbrados a ciclos inflacionarios cróicos, observan con escepticismo las proclamas de “los mejores meses”.
El Banco Central mantiene una política monetaria restrictiva y el crawl del dólar controlado, herramientas que deberían anclar expectativas inflacionarias. Sin embargo, los shocks externos, los ajustes en regulados y la puja distributiva entre salarios y precios pueden resultar más poderosos que los instrumentos disponibles. La prueba de fuego llega hoy a las 16 horas.



