La leyenda de la duquesa Anastasia Nikolayevna de Rusia cobra vida en el teatro Astral con una producción que marca un nuevo piso de calidad en la cartelera porteña. El musical, protagonizado por Minerva Casero e Iñaki Aldao, se estrenó recientemente con un despliegue técnico y artístico que confirma por qué Broadway sigue siendo fuente inagotable de entretenimiento de clase mundial. La obra no es simplemente un espectáculo: es una experiencia inmersiva que transporta al espectador a San Petersburgo en 1906 y lo lleva por un viaje temporal entre realidad e leyenda.
Una producción de envergadura cinematográfica
Las cifras hablan por sí solas: 400 kilos de escenografía, 150 cambios de vestuario, 50 pelucas y un equipo técnico de 144 personas trabajando en conjunto. El vestuario fue confeccionado por 30 sastres provenientes del Teatro Colón y del Teatro Argentino de La Plata, lo que garantiza un nivel de exquisitez visual que justifica cada detalle de la puesta. Sin embargo, la ambición de la producción no se agota en los números. Detrás de esas cantidades existe un “cómo” que conmueve, que entretiene, que asombra.
Apenas oscurece la sala, la orquesta en vivo comienza a sonar con una claridad impresionante. La pantalla de fondo impone diferentes perspectivas de espacios y paisajes, creando una atmósfera que abraza al público. Un momento particularmente notable es el viaje en tren, donde el vagón en escena se combina con cambios de perspectiva que simulan un recorrido inmersivo. La historia se desgrana lentamente: la de Anya, una joven sin memoria que podría ser Anastasia, la última duquesa de los Romanov que sobrevivió a la masacre de su familia durante la revolución rusa.
Minerva Casero se luce en su debut en este tipo de producciones, ofreciendo una interpretación sólida y emotiva en el rol principal. Su personaje encarna la búsqueda de identidad, el choque entre la aristocracia y la pobreza, y el drama romántico que atraviesa toda la obra. No es un musical convencional de canciones pegadizas fáciles de recordar. Es un drama histórico con anclaje en hechos reales, un relato de traiciones, lealtades y amores impensados que no da respiro al espectador. El intervalo resulta bienvenido para procesar la intensidad emocional de lo presenciado.
Aldao brilla y Straneo sorprende
Iñaki Aldao completa el reparto principal en el rol de Dimitri, el coprotagonista, con un trabajo vocal y actoral de considerable nivel. Su desempeño técnico se sostiene a lo largo de una obra que exige mucho de sus intérpretes. Sin embargo, quien roba escenas es Pichu Straneo en el rol de Vlad. Lejos de ser un papel determinante, Straneo logra conquistar al público con humor genuino, talento escénico y una gracia que trasciende el texto. Su presencia en escena resulta tan magnética que permite ciertas licencias y guiños con la audiencia que refuerzan esa conexión especial.
El musical, inspirado en la película animada de 1997, ya ha deslumbrado en Nueva York, México y España. El interrogante que rondaba en Buenos Aires era si semejante relato de aristocracia versus pobreza, de identidades falsas y búsqueda de quién se es realmente, podría alcanzar el nivel requerido en la cartelera porteña. La respuesta es un rotundo sí. La puesta logra resolver la complejidad del argumento sin perder de vista lo que la hace irresistible: la tensión dramática, la espectacularidad visual y la profundidad emocional de sus personajes.
Anastasia, el musical representa un nuevo escalón en la oferta de entretenimiento de calidad mundial en Calle Corrientes. En un contexto donde Buenos Aires consolida su lugar como destino de producciones de Broadway, esta obra se suma a un avasallante desembarco de éxitos internacionales que elevan la vara para toda la industria teatral argentina.



