La Justicia de Tucumán absolvió a Víctor César Soto, principal acusado del femicidio de Paulina Lebbos ocurrido hace veinte años. El tribunal integrado por los jueces Gustavo Romagnoli, Fabián Fradejasy Luis Morales Lezica lo exoneró por beneficio de la duda. Soto enfrentaba cargos por homicidio agravado por alevosía. Además, desvinculó a Sergio Kaleñuk, imputado por encubrimiento. El fallo llega dos décadas después del crimen que marcó un antes y un después en la historia judicial argentina, y deja abierto un interrogante que persigue a las investigaciones: hasta hoy no hay nadie identificado como autor material del asesinato.
El crimen que conmocionó Tucumán
Paulina tenía 23 años, estudiaba comunicación social y era madre de una nena de cinco. La madrugada del 26 de febrero de 2006, tras aprobar una materia de su carrera, salió a bailar con amigas al boliche “Gitana”. Se tomó un taxi con Virginia Mercado, su compañera, y luego ambas se separaron. Paulina fue sola hacia la casa de Soto, su ex pareja e hijo de su hija. Fue la última vez que alguien la vio con vida.
La familia comenzó a buscarla intensamente al día siguiente. Durante trece jornadas desesperadas recorrieron Tucumán sin noticias. El 11 de marzo, casi dos semanas después de su desaparición, hallaron su cuerpo en la Ruta 341, en la zona de Tapia. El descubrimiento fue casual: un vecino vio el reflejo del sol en una pulsera que usaba la joven.
El cadáver presentaba signos de brutalidad extrema. Según la autopsia, Paulina mostraba heridas de arma blanca, quemaduras de cigarrillo, el cuero cabelludo arrancado y las huellas digitales limadas. Datos que sugieren un crimen particularmente violento, motivado por ensañamiento. Aunque las investigaciones iniciales sugirieron que nunca había llegado a la casa de Soto, el tribunal de este nuevo juicio determinó que sí lo hizo, y que allí fue asesinada.
Absoluciones y una justicia cuestionada
A pesar de la absolución de Soto, la causa ya registra varias condenas firmes. Entre los condenados se encuentran altos mandos de la Policía provincial, un fiscal y un ex secretario de Seguridad. Sin embargo, esas condenas no están vinculadas directamente al asesinato, sino a irregularidades en la investigación y encubrimiento.
Para Alberto Lebbos, padre de la víctima, el fallo representa un golpe devastador. Durante veinte años denunció públicamente la existencia de una “maquinaria de impunidad” y advirtió que las irregularidades conducirían a este desenlace. Sus advertencias sobre falta de avance en causas conexas se concretaron.
El caso Lebbos generó profundas repercusiones políticas que alcanzaron el entorno del entonces gobernador José Alperovich. La muerte de una joven de 23 años, madre de una hija pequeña, en contexto de vínculos con funcionarios provinciales, encendió las alarmas sobre corrupción judicial y policial en Tucumán.
Este nuevo juicio comenzó a principios de marzo y buscaba cerrar una de las heridas más abiertas de la justicia argentina. Sin embargo, la absolución de Soto por beneficio de la duda perpetúa el vacío: el verdadero responsable del homicidio continúa en la impunidad, veinte años después del crimen.



