La administración Donald Trump presentó el 15 de octubre ante la ONU una propuesta para eliminar el Comité Especial de Descolonización (C-24), el principal foro multilateral donde Argentina mantiene activo su reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas. La solicitud fue formulada ante la Cuarta Comisión de la Asamblea General y genera un revés diplomático significativo para Buenos Aires en un momento de creciente tensión con el Reino Unido por el control del archipiélago atlántico.
La estrategia de Washington contra el Comité
Estados Unidos cuestionó tanto los costos operativos del organismo como su relevancia actual. Los funcionarios estadounidenses argumentaron que el C-24 “desperdicia recursos” al examinar anualmente los mismos casos, pese a que más de 80 antiguas colonias ya se incorporaron como Estados miembros de la ONU desde su creación. También criticaron duramente los viajes de trabajo del comité, describiendo sus excursiones anuales a destinos del Caribe y el Pacífico Sur como “un desperdicio de tiempo y recursos”.
La delegación estadounidense apuntó directamente contra la continuidad de audiencias sobre territorios que ya no figuran en la agenda internacional. Citó el ejemplo de Puerto Rico, retirado de la lista de territorios no autónomos en 1953, pero que aún es examinado anualmente por el comité. Washington sostuvo que los habitantes de los territorios pendientes de resolución merecen “algo mejor que ser considerados meros instrumentos de campañas políticas”.
El impacto directo recae sobre Argentina, ya que la Cuestión Malvinas es revisada todos los años por el C-24. Desde 1989, este comité constituye el escenario central en la ONU donde Buenos Aires presenta formalmente su posición y obtiene resoluciones que reconocen la existencia de la disputa de soberanía, instando a ambos países a reanudar negociaciones bilaterales. El Reino Unido administra diez de los diecisiete territorios no autónomos que analiza el organismo, incluyendo el archipiélago.
Los antecedentes y la postura de Milei
En junio pasado, durante la sesión anual del C-24, el canciller argentino Pablo Quirno denunció la militarización británica y la explotación unilateral de recursos naturales en las islas, reiterando el llamado al diálogo directo con Londres. Sin embargo, el propio presidente Javier Milei ya había expresado críticas públicas al organismo multilateral.
Durante su última intervención ante la Asamblea General, Milei calificó a la ONU de “inútil” y acusó al organismo de “mirar hacia otro lado” respecto a la causa de Malvinas. En ese discurso, el mandatario invitó al Reino Unido a dialogar para encontrar una solución pacífica a la disputa, evidenciando una estrategia dual: crítica interna al organismo mientras busca canales directos de negociación.
La postura de Washington resulta particularmente compleja considerando que Donald Trump había mencionado previamente la posibilidad de dejar de respaldar a Londres en la disputa sobre Malvinas, abriendo expectativas en Buenos Aires. Sin embargo, la propuesta de cerrar el C-24 contradice esa señal y potencialmente debilita las herramientas diplomáticas que Argentina utiliza para mantener visible su reclamo en el escenario internacional.
La medida estadounidense fue formulada durante una sesión en la que se aprobaron más de veinte proyectos relacionados con descolonización, pero la propuesta de eliminar el comité enfrentaría resistencia de países del Sur Global que aún mantienen reclamaciones de soberanía sobre territorios en disputa. Para Argentina, cierra un capítulo de esperanza abierto por los gestos de Trump y refuerza la necesidad de fortalecer estrategias diplomáticas alternativas en la búsqueda de reconocimiento internacional sobre su reclamo por las islas.



