Sentencia por el crimen que conmocionó a la comunidad universitaria
El Tribunal Oral en lo Criminal Nº 2 de Quilmes condenó por unanimidad a 20 años de prisión a Rodrigo Ariel Figueroa por el homicidio en ocasión de robo de Carlos Enrique Sánchez Paredes, el estudiante de Ingeniería que fue asesinado en Bernal Oeste el pasado junio. La sentencia pone cierre a un caso que generó profunda conmoción tanto en la comunidad de Bernal como en la comunidad universitaria de la Universidad Nacional de La Plata, donde la víctima estudiaba.
Carlos Enrique Sánchez Paredes tenía apenas 24 años cuando salió de su casa aquella madrugada de junio de 2024 para tomar el colectivo en la intersección de Misiones y Falucho. Era su rutina habitual: dirigirse a la UNLP para asistir a clases y rendir exámenes. Su madre lo vio partir, lo siguió con la mirada hasta que dobló la esquina sobre la calle Misiones. En esos instantes vio a dos personas correr por la zona, aunque no imaginó que minutos después sería testigo de la mayor tragedia de su vida.
Cuando Carlos no respondía mensajes ni llamadas, su madre decidió acercarse al lugar. Lo encontró tendido sobre la calle, agonizando por una grave herida en la cabeza. Desesperada, llamó a su hija Andrea, quien acudió rápidamente y pidió ayuda a los vecinos. Uno de ellos se ofreció a trasladar al joven al hospital de Wilde, pero los médicos confirmaron lo que nadie quería escuchar: Carlos Enrique Sánchez Paredes había muerto como consecuencia de un golpe brutal propinado con un caño.
Durante el juicio, la reconstrucción de los hechos mostró que el estudiante fue víctima de un robo que terminó en tragedia. Los fiscales presentaron evidencia sólida que permitió identificar a Figueroa como el responsable del golpe letal. La condena por unanimidad refleja la gravedad de los hechos y la solidez de la investigación realizada por la fiscal y el equipo de Criminalística que trabajó en el caso.
El impacto en la comunidad y las repercusiones de la sentencia
El crimen de Carlos generó una onda de dolor que atravesó tanto a Bernal como a toda la comunidad de estudiantes de La Plata. Su muerte no fue un número más en las estadísticas de inseguridad de la zona: fue la pérdida de un joven con futuro, estudiante de Ingeniería con proyectos y sueños interrumpidos en forma violenta. La noticia corrió rápidamente por las redes sociales y generó indignación ante la crudeza de la violencia que caracteriza ciertos sectores de la zona sur del conurbano.
La investigación que siguió fue exhaustiva. Los efectivos policiales trabajaron sobre las características de dos personas que fueron vistas corriendo en la zona instantes después del ataque. Las pruebas recolectadas en la escena del crimen, incluyendo testimonios de vecinos y análisis forense, permitieron establecer la identidad del autor material de los golpes que provocaron la muerte del estudiante.
La sentencia dictada por el Tribunal Oral en lo Criminal Nº 2 de Quilmes representa un cierre de justicia para la familia de Carlos, aunque ninguna condena puede devolverle la vida al joven. Los 20 años de prisión impuestos a Figueroa significan que permanecerá detrás de las rejas durante la mayor parte de su vida adulta, como consecuencia de actos de violencia que destruyeron una familia.
El caso pone nuevamente sobre la mesa la inseguridad que afecta a las zonas del conurbano bonaerense, donde robos a mano armada con resultado de muerte siguen siendo una realidad cotidiana. La muerte de Carlos es apenas uno de los tantos casos de violencia delictiva que sacuden a la provincia de Buenos Aires, donde estudiantes, trabajadores y ciudadanos de a pie viven con el miedo de ser víctimas de estos hechos.
Reflexión sobre la violencia en el conurbano
El caso de Carlos Enrique Sánchez Paredes quedará en la memoria de quienes lo conocieron como un recordatorio de lo frágil que puede ser la vida cuando se cruza con la delincuencia. Su muerte en una esquina de Bernal, en lo que debería haber sido un día ordinario dirigiéndose a estudiar, simboliza la vulnerabilidad de los ciudadanos en ciertos sectores del conurbano donde la inseguridad sigue siendo un problema crónico. La condena de Figueroa es justicia, pero también es un punto de inflexión para reflexionar sobre las políticas de seguridad que los bonaerenses reclaman.



