Tras la decisión judicial que decretó la quiebra definitiva de Garbarino, el empresario Carlos Rosales, último dueño de la cadena de electrodomésticos, salió a responder públicamente a las críticas y defendió el trabajo realizado durante su gestión al frente de la compañía.
Rosales aseguró que cuando tomó el control de la empresa, en 2020, la situación financiera ya era extremadamente compleja y que el objetivo principal de su grupo fue intentar sostener la actividad y preservar la mayor cantidad posible de puestos de trabajo.
“Recibimos una empresa prácticamente quebrada. Nuestra intención siempre fue salvarla”, sostuvo el empresario al referirse al proceso que terminó con el cierre definitivo de la histórica marca del retail argentino.
Una empresa con problemas previos
Garbarino fue durante décadas uno de los nombres más fuertes del mercado de electrodomésticos en Argentina. Con cientos de sucursales y miles de empleados, la compañía llegó a dominar el sector del retail tecnológico durante gran parte de los años 90 y 2000.
Sin embargo, en los años previos al cambio de manos, la empresa ya arrastraba una compleja situación financiera. Deudas acumuladas, dificultades para sostener el modelo de negocio y la fuerte transformación del comercio minorista comenzaron a deteriorar su estructura.
El crecimiento del comercio electrónico, la caída del consumo y los problemas de financiamiento golpearon fuertemente al sector, obligando a muchas compañías a replantear su funcionamiento.
En ese contexto fue que el grupo encabezado por Rosales tomó el control de Garbarino con la intención de reorganizar la empresa.

Carlos Rosales: Si en la Argentina de 2021 hubieran existido condiciones de seguridad jurídica y estabilidad como lo que hay hoy en el pas, ni por asomo Garbarino hubiera quebrado
El intento de reestructuración
Según explicó el empresario, uno de los principales desafíos fue enfrentar el volumen de deuda que la compañía arrastraba desde años anteriores. Durante su gestión se intentaron distintas estrategias para reactivar la operación comercial, renegociar compromisos financieros y mantener abierta la red de locales.
Rosales también sostuvo que el objetivo inicial era modernizar el modelo de negocio, adaptándolo a un mercado cada vez más dominado por el comercio digital y por nuevos hábitos de consumo.
Sin embargo, la situación económica del país, la caída del consumo y la dificultad para acceder a financiamiento complicaron ese proceso.
El impacto de la crisis económica
El contexto macroeconómico también jugó un papel determinante en el deterioro de la empresa. La combinación de inflación elevada, caída del poder adquisitivo y restricciones en el acceso al crédito afectó directamente al sector de electrodomésticos, uno de los más sensibles a los ciclos económicos.
En ese escenario, sostener una estructura comercial con gran cantidad de sucursales y personal se volvió cada vez más difícil.
Rosales aseguró que, a pesar de las dificultades, el grupo buscó alternativas para mantener operativa la compañía durante el mayor tiempo posible.
La decisión judicial
La quiebra de Garbarino fue finalmente decretada por la Justicia comercial luego de analizar la situación financiera de la empresa y la imposibilidad de revertir el deterioro acumulado.
La resolución judicial establece la liquidación de los activos de la compañía para intentar responder a los reclamos de acreedores.
Este proceso implica la venta de bienes y recursos de la empresa para cubrir parte de las deudas existentes.
La posición de Rosales
En su primera reacción pública tras conocerse el fallo, Rosales insistió en que su gestión buscó evitar el desenlace que finalmente se concretó.
El empresario afirmó que el grupo que encabezó realizó distintos esfuerzos para sostener la empresa en funcionamiento, en un contexto económico complejo y con una estructura que ya arrastraba problemas previos.
También remarcó que el objetivo fue preservar la actividad y evitar el cierre inmediato de una compañía que durante décadas formó parte del comercio argentino.

El final de una marca histórica
Más allá del debate sobre las responsabilidades empresariales, la quiebra de Garbarino marca el final de una de las marcas más emblemáticas del comercio minorista del país.
Durante años, la cadena fue un punto de referencia para la compra de tecnología y electrodomésticos, con presencia en todo el territorio nacional.
Hoy, su historia empresarial llega a su cierre definitivo, dejando como saldo el recuerdo de una empresa que supo ser protagonista del mercado argentino durante varias décadas.



