Los datos son contundentes y alarmantes. En los primeros cinco meses de 2026, Argentina registró 105 femicidios, lo que equivale a un crimen de género cada 35 horas. La cifra fue documentada por la organización Mujeres de la Matria Latinoamericana (Mumalá) con motivo del 11° aniversario del movimiento Ni Una Menos, cuyo impacto sigue siendo insuficiente para frenar la violencia contra las mujeres en el país. El informe revela un patrón aterrador: el 60% de estos asesinatos fueron cometidos por parejas, ex parejas o familiares directos de las víctimas, lo que evidencia que para miles de mujeres el hogar es el lugar más peligroso.
El perfil de la violencia en Argentina
Según el relevamiento de Mumalá correspondiente al período enero-mayo 2026, de los 105 femicidios contabilizados, 80 fueron femicidios directos, 5 vinculados, 3 transfemicidios o travesticidios, 5 suicidios feminizados, 12 homicidios en contexto de narcotráfico y crimen organizado, 1 crimen de odio y 5 muertes violentas asociadas al género. Además, existen 14 casos aún en investigación y 420 intentos de femicidio registrados en el mismo período.
Los números adquieren rostro humano cuando se analizan los detalles: el 67% de las víctimas fue asesinado en su propia vivienda, el lugar que debería ser un refugio. El 40% de ellas eran madres, dejando huérfanos a 73 niños y adolescentes. La edad promedio fue de 39 años, aunque la violencia no discrimina: Mumalá documentó 10 adultas mayores de 60 años y otras 10 que eran niñas o adolescentes. Al menos una víctima estaba embarazada y el 7% había permanecido desaparecida antes de ser encontrada sin vida.
Un dato particularmente grave: el 75% de las víctimas ya había denunciado a sus agresores. El 19% contaba con orden de restricción y el 12% disponía de botón antipánico. Es decir, pese a haber recurrido al sistema de justicia, no recibieron la protección que necesitaban. Este aspecto subraya la brecha crítica entre las medidas legales y su efectividad real en el territorio argentino, donde el acceso a protección varía significativamente según la provincia y los recursos disponibles.
Antecedentes y alcance nacional
Desde 2015, Mumalá ha contabilizado 3.096 femicidios en Argentina. En una década, el movimiento Ni Una Menos ha marcado un hito en la conciencia colectiva sobre violencia de género, pero las cifras demuestran que el reconocimiento del problema no se traduce automáticamente en prevención efectiva. El caso de Agostina Vega, la niña de 14 años brutalmente asesinada en Córdoba hace poco, reavivó la conmoción nacional y ejemplifica la urgencia de políticas concretas.
La organización destaca que el contexto de cada femicidio importa. Las provincias argentinas no tienen un desarrollo homogéneo en protección: desde sistemas de alerta temprana hasta acceso a refugios, la disponibilidad de recursos de contención varía. En Buenos Aires y el Gran Buenos Aires, aunque hay más denuncias registradas, la saturación de juzgados y comisarías también genera demoras que pueden resultar fatales. Mumalá enfatiza que los datos no son solo números, sino un mapeo de las fallas estructurales del sistema para proteger mujeres en situación de violencia.
El 60% de responsables identificados como parejas o ex parejas indica que los programas de prevención deben intensificar el trabajo en violencia intrafamiliar. Las campañas de sensibilización, aunque necesarias, requieren acompañamiento con presupuesto real, capacitación policial estandarizada y juzgados especializados en todo el territorio nacional.
Cierre
La cifra de un femicidio cada 35 horas es el reflejo más crudo de una violencia estructural que persiste a pesar de los avances legales. Argentina tiene leyes contra la violencia de género, pero su implementación desigual y fragmentada evidencia que la voluntad política no acompaña el reconocimiento del problema. Mientras las mujeres sigan siendo asesinadas mayoritariamente en sus hogares, por quienes comparten su vida, la sociedad argentina enfrenta una deuda moral que requiere más que consignas: demanda recursos, fiscalización y transformación cultural.



